| "Un tropezón cualquiera da en la vida",
dice el tango El Tropezón, de Luis Bayón Herrera y Raúl
de los Hoyos. Y es cierto, cualquiera puede tropezar. Pero para la mayoría
de los mortales esto no significa más que una caída, a lo
sumo asumir que cualquiera se puede equivocar, cometer un error. Sin embargo
tropezar no solo es caerse, equivocarse; puede, también, significar
un hecho afortunado. Fíjese usted que una de las acepciones que da
el diccionario de la palabra tropezón es: "Hallar casualmente
una persona a otra, por ejemplo tropezar con un amigo". Y otra que
dice: "dar con una persona o cosa". Es decir que bien puede, ese
tropezón, ser un hecho que nos provoque alegría, felicidad.
Encontrarse con un amigo, o algo que habíamos perdido suele ser gratificante.
Por otra parte el diccionario de sinónimos acepta que se puede reemplazar esta palabra por "hallar" o "encontrar" ; y aquí la fortuna es mayor. Digo que "encontrar" puede significar muchas cosas, algunas no muy buenas, pero otras, francamente deseables. Ejemplos: Puedo "tropezar" (encontrar) un amor, una amistad, un trabajo, e incluso un destino. Y aquí quiero llegar, o mejor dicho desde aquí quiero arrancar: "El tropezón" es un destino musical y fundamentalmente tanguero. Y ese fue "hallado" por Pablo Woizinski y César Nigro, los integrandes de este dúo. Si ambos integran "El Quinteto Pantaleón", (de quienes hablaremos en otra oportunidad), el destino quiso, tal vez, que se tropezaran y decidieran encarar juntos esta experiencia de encarar una forma de ejecutar el tango con una formación tan poco habitual como es la de guitarra y piano. Dos instrumentos que están en la génesis del tango pero que siempre estuvieron acompañados por el violín y la flauta. Por otra parte uno no puede dejar de pensar, y esto es solo especulación, que otro dúo, con los mismos instrumentos, (Salgan-De Lío) pueda sobrevolar sus inspiraciones. De todas maneras con "El Tropezón" estamos frente a una nueva vuelta de tuerca. Pablo y César encaran los arreglos con su propio enfoque y, aunque mantienen o rescatan el ritmo y la melodía propia del género, hay un sabor actual que, incluso, no despreciaría ningún milonguero viejo a la hora de sacarle viruta al piso. Yo le hago la invitación, y como primer
paso lo invito a que visite la página de internet del dúo:
Y como dije al comienzo: "Un tropezón cualquiera da en la vida", no todos son capaces de convertir una "caída" en un hallazgo. Y si "la cabra al monte tira", es indudable que a estos dos jóvenes músicos el tango les tira y el monte se va dibujando como un destino lleno de logros. Téngalos en cuenta. Es un consejo de amigo. Carlos Hugo Burgstaller (novedades en red,
Rosario, Argentina) |